Mitos sobre abdominales ¿Verdad o mentira?

Mito 1. Los abdominales tradicionales son perjudiciales para la salud de la mujer

El debate entre abdominales tradicionales e hipopresivos está servido en bandeja de plata desde hace bastante tiempo, lo que ha llevado a que se pronuncien afirmaciones tan tajantes como que los abdominales tradicionales son perjudiciales para las mujeres por aumentar la presión intraabdominal y afectar al suelo pélvico. Sin embargo, esto no es del todo cierto. Nos lo explica Albert Marco, licenciado en Educación Física y CEO de la cadena de gimnasios Snap Fitness, recién llegada a España tras su éxito en Estados Unidos: “Los ejercicios abdominales convencionales están contraindicados en situaciones de incontinencia y pesadez pélvica, pero también lo está el jogging, las pesas y muchas actividades de nuestra vida cotidiana ya que nuestros esfuerzos diarios (levantar la bolsa de la compra, levantarnos de un sillón….) no son hipopresivos”. Esto quiere decir que en casos en los que el suelo pélvico esté afectado, los hipopresivos son una parte fundamental de la rehabilitación para solucionar estos problemas, así como una rutina perfecta a incorporar para prevenir estos problemas. Sin embargo, si lo que queremos es tonificar, es necesario el trabajo de ambos tipos de abdominales para lograr un trabajo completo. La clave para que los abdominales tradicionales no pasen factura a nuestro suelo pélvico está en hacerlos bien. “Cuando hacemos los abdominales tradicionales y no los coordinamos bien con la respiración, aumentamos la presión intraabdominal, que va dirigida principalmente a nuestro suelo pélvico, pudiendo debilitarlo y desencadenar ciertos problemas. Por eso lo ideal es empezar fortaleciendo la musculatura más profunda con técnicas adecuadas, como pueden ser los abdominales hipopresivos. Y así podremos realizar abdominales tradicionales con toda tranquilidad, siempre y cuando la técnica sea adecuada. Así no tendremos ningún tipo de contraindicación en el suelo pélvico”, explica Juan Manuel Díaz, fitness manager de Caroli Health Club Valencia.

Mito 2.  Si no sientes dolor al hacer abdominales no estás ejercitando el músculo

No tiene por qué ser así. “Calor y/o contracción máxima hasta no poder hacer ni una repetición más son buenos indicadores. Pero el dolor no tendría que existir como tal”, explica el experto de Snap Fitness. Eso sí, aunque sentir cierto calor o congestión muscular por la contracción es síntoma de estar localizando bien el trabajo abdominal, no sentirlo no siempre es indicacitivo de estar haciendo mal los abdominales. Así lo explica el fitness manager de Caroli Health Club: “Esto no quiere decir que si esto no ocurre no estemos trabajando o estemos haciendo de manera incorrecta el ejercicio ya que no todos los ejercicios son de la misma intensidad y hay que adaptarlos al nivel de cada uno”.

Mito 3. El uso de fajas de neopreno ayuda a obtener mejores resultados

Aquí no hay medias tintas ya que esta creencia popular es totalmente errónea. Y es que usar faja para hacer abdominales no ayuda a reducir volumen de forma más rápida, sino que tan solo produce un aumento localizado de la suduración. Es más, hacerlo tiene unos cuantos inconvenientes: “Estas fajas no sirven para nada más que para generar incomodidad, reducir la implicación de los músculos abdominales (pueden sustituir la función de estos músculos al hacer de sustentadores) y, potencialmente, fomentar la deshidratación aguda y, por tanto, el riesgo de sufrir un golpe de calor. En definitiva, está completamente desaconsejado y contraindicado”, afirma rotundo Albert Marco.

Mito 4. Cuanto más abdominales hagas, mejores resultados obtendrás

Es difícil responder a esta cuestión de forma rotunda, aunque siempre hay que tener presente esta regla de oro: es preferible hacer pocos y bien hechos que muchos mal ejecutados, sobre todo si tenemos en cuenta que estamos implicando una de las zonas donde se encuentran estructuras claves para nuestro bienestar. Asumido esto, hay que tener en cuenta que el número de repeticiones variará en función de nuestra condición física y del objetivo que busquemos. Y memoriza siempre esta máxima: “Como ocurre para cualquier región muscular, el sobreentrenamiento conlleva riesgos. Y un indicador de que no estamos haciendo bien el trabajo abdominal es que aparezca o aumente el dolor de espalda”, explica el experto de Snap Fitness. Y entonces, ¿cuál es la clave para encontrar la medida correcta de abdominales a realizar? Aprender bien la técnica, hacerla de forma correcta y solo cuando se haga de forma correcta buscar una progresión adecuada.

Mito 5. Solo los abdominales trabajan de forma efectiva el abdomen

Falso. Y es que el trabajo abdominal no solo vive de abdominales tradicionales e hipopresivos. Hay otros ejercicios que nos pueden ayudar a tonificar esta zona, como ciertas posturas de yoga (el double leg strech, por ejemplo) y de pilates. ¿Los motivos? Estos métodos, tal y como explica Juan Manual Díaz, tienen su base en el control postural, haciendo hincapié en el control de la respiración. Y la respiración es una manera de activar la musculatura profunda abdominal. Eso sí, no existen los ejercicios milagro y la clave está, sobre todo, en la combinación de diferentes sistemas de entrenamientos, cargas, velocidades y ángulos de trabajo.

Mito 6. Los abdominales no reducen el exceso de grasa

Los abdominales desarrollan la musculatura abdominal, pero eso no quiere decir ni que ayuden a reducir tripa ni que por tener desarrollada esta musculatura se vayan a marcar los abdominales. La presencia de grasa abdominal, que se acumula entre las capas profundas de la piel y el tejido muscular, solo puede atacarse con programas de entrenamiento orientados a la pérdida de grasa (trabajo cardiovasclar). De ahí que para obtener una reducción de volumen y un abdomen tonificado sea necesario un trabajo conjunto tanto de tonificación abdominal como de entrenamiento cardiovascular.

Mito 7. Experimentar agujas al día siguiente es síntoma de que has trabajado tus abdominales

Tampoco es del todo cierto. Aunque es verdad que las agujas son, tal y como explica Marco, “un indicador de un trabajo bien hecho”, sobre todo cuando sometemos a nuestro músculo a un estímulo nuevo, el hecho de no tenerlas no tiene por qué preocuparte demasiado. “Esto puede demostrar que estamos muy en forma y que, por tanto, podemos estar más que satisfechos. El cambio de sistema de entrenamiento (duración, intensidad, volumen, carga) y el factor sorpresa pueden ayudar a volver a tenerlas”, añade el experto.

fuente

vogue.es

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